Cuando te echo de menos me duele la garganta. Es como un nudo de lágrimas que me atraganta y no me deja respirar bien. Así que hablo poco y bajito… Total, por más que grite no puedes oírme.
Después de varias horas llenando mi mente de malas excusas para no pensar en ti, se me duermen las manos y me pitan los oídos. La ausencia de tus manos en mi cintura me quema, me abrasan los labios y la piel, como si un frío profundo me cortase donde tú antes solías acariciarme.
No puedo permitirme pararme a pensar en ti, intento que tu recuerdo me acompañe como una melodía que se pega, tarareándola flojita en la cabeza, sin conocer lo bastante las letras o las notas como para gritarla y sacarla de ahí. Porque sacarla duele…pensar en ti duele cuando no estás cerca.
Pero las horas pasan y me confío, y cuando me creo que puedo vivir en ese impasse me viene una frase a la cabeza, un gesto, una broma, un instante en el que me sonríes y me dices algo bonito, y de su mano la certeza de que no puedo llamarte y conseguir un instante más como ese.
Entonces, más literalmente de lo que quisiera, siento que me arrancan un pedazo de mi. Lo siento perfectamente, y duele. Siento como algo dentro de mí se desvanece dejando un vacío que me absorbe, un vacío donde se concentran todos mis miedos y mi melancolía.
Porque pensar en ti duele cuando no estás cerca.


2 comentarios:
Y como duele, no??
Me encantó cuando escribes... "y de su mano la certeza de que no puedo llamarte y conseguir un instante más como ese"
Pfff... como extraña uno cuando tiene perdidas las cosas o cuando pierde a alguien.
Duele acostumbrarse, duele todo el pasado que viene sobre nuestras espaldas cuando el presente se oculta con el ocaso.
Make a wish!
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