27.5.09

Vigesimooctavo intento de no abandonar el blog: cuidado con lo que deseas, porque se puede convertir en realidad

Cuando era pequeña solía desear muchas cosas... cada vez que estrenaba algo, cada vez que pasaba por un túnel, cada vez que veía una estrella fugaz, cada vez que soplaba las velas de una tarta, pedía un deseo.
Me acuerdo de un deseo en especial que estuve pidiendo durante mucho tiempo; cada vez que entraba a un túnel cogía aire y aguantaba la respiración mientras que cerraba los ojos y tocaba el techo del coche, hasta que saliésemos de él. Y repetía una y otra vez: quiero tener un perro, quiero tener un perro, quiero tener un perro...
Supongo que es algo que todos los niños pequeños alguna vez piden, pero mis padres no tenían ninguna intención de tener uno.

Justo por aquella época vi una película (no me acuerdo cual), cuya moraleja hablaba en que debíamos tener cuidado con los deseos, porque estos siempre acarrean algo malo. El mundo no va a concederte un deseo porque sí, siempre tendrás algún precio que pagar.

Yo no le dí importancia ninguna hasta que una de esas noches mi abuela murió. No fue esa la única noticia; como ya no había nadie que lo cuidara, nos quedaríamos con King, su Fox Terrier.
Quizá, para tener ya unos nueve años, me seguían gustando demasiado las historias de magia, duendes, hadas, mundos escondidos y seres que sólo ves si crees en ellos...
Pero nunca más he vuelto a pedir deseos. Quizá haga alguna excepción con las estrellas fugaces... pero me lo pienso dos veces...

1 comentario:

Stalmat dijo...

Realmente "deseo" que esta vez no abandones el blog =)

Cuando uno desea algo, de alguna manera ese algo se convierte en un blanco a alcanzar; me parece saludable la capacidad de poder seguir deseando cosas porque es emocionante el camino hacia ese "algo"

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